miércoles, 21 de agosto de 2019

Opinión


Vagancia revolucionaria

Por: Susana Morffe


Todo venezolano mayor de edad y en plenas facultades, reconoce que la vagancia fue instituida durante los maltrechos años del revolcón socialista, copia fiel y exacta de la cubana. Los jóvenes venezolanos engendrados en la nefasta historia de estos últimos años, han tenido que emigrar para buscar trabajo porque ni la chamba socialista cubrió sus expectativas.
Es que ser vago fue un oficio adquirido en la sociedad venezolana a la falta de empleo, pero  generó en la administración pública el reposerismo del cual muchos se aprovecharon para cobrar sin trabajar. De esa práctica conoce mucho un fulano de tal, cuando su primera conducción en el país fue el vagón del Metro de Caracas, obra finalizada en la mal llamada Cuarta República.
Hoy en día esa vagancia se ha traducido en una agobiante vida para los venezolanos que deben trajinar su quehacer diario con la escasez alimentaria, electricidad, agua, gas, dinero en efectivo y parálisis total de los medios de producción, mientras unos pocos se llenan los bolsillos.
En el país la vagancia comienza desde las fuentes de poder, han paralizado el país, no hay obras realizadas debido a la fuerte ocupación de los actos de corrupción.
Cuando un vago señala a otros ciudadanos que sí trabajan con las uñas para ayudar a salir adelante a grupos sociales en lamentable estado de vulnerabilidad, se entiende que el promotor de la vagancia está en una condición de discapacidad absoluta y condenado a un diván con camisa de fuerza.
Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, se encuentra en un colapso industrial y económico incomparable. De modo que el país está atacado por un grupito de vagos que mantienen asediados a los pocos que desean trabajar y salir a flote de la profunda selva.
En clara defensa de los ciudadanos honorables, bien dijo el mandatario del estado Nueva Esparta Alfredo Díaz, en referencia a los vagos, “son quienes por omisión y corrupción han destruido este país”. La pregunta es: ¿Están o no del lado de la vagancia revolucionaria?

@SusanaMorffe

viernes, 16 de agosto de 2019

Cuento


Respuesta al desorden

Por: Susana Morffe

Eran dos titanes, uno malo y el otro peor. De haber tenido lazos de sangre sus familias pudieron haber desaparecido debido a la potente maldad y ambición de esos dos seres cargados de odio puro.
Se cuenta que un ser galáctico les encomendó acabar con todo lo que se interponía con sus planes. De lo contrario, su final estaría destinado a la hoguera.
Siendo así, ambos personajes comenzaron a preparar sus estrategias individuales para acabar con el otro y adueñarse de toda la comarca que les asigno el maquiavélico ser venido de otro planeta. Se creía que los componentes del espacio sideral eran buenos y algunos habitados por gente bondadosa, pero no, las galaxias están repletas de individuos malignos y en la comarca cayo uno para duplicar a dos.
Los rostros de esos dos sujetos en un principio eran angelicales, como el de aquellos que no saben qué hacer y adónde van, con mucho temor, pero pasado el tiempo la negritud, el ácido y las arrugas del mal, transfiguraron las expresiones, semejantes a las máscaras burlescas y terroríficas. Muy desdibujados los dos.
Los seguidores y aliados de semejantes humanoides aupaban en comparsa, al estilo thriller, con las mismas peripecias de esos locos de siempre, generadores de trampas y zancadillas para meterse de lleno en el comando de sus instintos animales a devorar todo, lo que sea y como sea.
¿Sabes quién encendió la pólvora? Ante tanta agonía, falsas promesas, hambruna y socavada la existencia, el Todopoderoso extendió su mano y en un arrebato esfumo a los protagonistas de la debacle.
Fuentes noticiosas  dan cuenta de un hecho sobrenatural, evidente y escalofriante. Más tarde, consolidado el acontecimiento, hubo un hallazgo de una nota escrita en idioma hebreo, encontrada en  una isla tropical, la cual fue enviada a traducciones más allá de los confines de la tierra.
Un mes más tarde, cierto día de vuelta, se leyó el contenido públicamente con la frase ajustada textualmente: “Al que a hierro mata a hierro muere”.

@susanamorffe

domingo, 4 de agosto de 2019

Cuento


Mente suspicaz

Por: Susana Morffe

Contando los días y nada pasaba. El tiempo se hacía largo y al parecer las 24 horas del día sufrieron un desliz y todo seguía igual, largo, sin pausa y con lluvia. Vaya que día tan abrumadoramente extraño. Todo esto  llegaba a la mente de un hombre empeñado en cambiar su mundo, porque el mundo real era distinto a sus perspectivas.

“Les recordamos que hoy una onda tropical, la número 45 tocara la zona este y se prevé nubosidad con precipitaciones de alta intensidad, cuidado si se convierte en huracán”,  así informaba la radio por reporte que llegaba de los meteorólogos. Jaime no creía en ellos porque siempre se equivocaban, sin embargo, tomó previsiones.

Ante su constante incertidumbre pensó: “Que puedo hacer para cambiar esta vida aburrida, sin un horizonte claro y días tan pesados”. Por esas cosas que llaman energía, de hecho los seres humanos somos energía, el asunto no lo detuvo para iniciar una reflexión sobre la piedra filosofal, más bien su polvo cósmico se estaba armonizando en otras zonas y así llegó a tomar control de su mente para enviar mensajes telepáticos a quien pueda interesar.
Quién sabe si Jaime rayaba con la locura, pero su experiencia lo llevó a reproducir sus ideas hacia otros mecanismos tecnológicos.

El propio amigo de Jaime, al que llamaban Nacho, su nombre original es Ignacio, le advirtió que podía encontrarse con episodios sin poder controlarlos.
Y así fue, Jaime reveló con sus ideas un mundo casi fantasioso y algún radar, GPS u otro adminiculo desconocido captó sus señales y ¡cáspita!, le respondieron:
-Recibimos sus señales, están siendo procesadas a través de un circuito tecnológico, capaz de traducir las ideas y registrarlas con una máquina diseñada de alta densidad, algo nunca visto.

Jaime quedó sin palabras y pensó que alguna persona le estaba jugando una mala pasada y conocía además de su situación, enseguida pensó en Nacho, pero este estaba atónito ante semejante revolución informática.
-¡Lo logre!, dijo Jaime alborotadísimo, puedo cambiar mi mundo, gritó.

A todas estas, Nacho no salía del asombro cuando escucho, de cuerpo presente, la respuesta que llegaba como del más allá.
En esa simbiosis que duró unos instantes, se miraron frente a frente Jaime y Nacho con los ojos exorbitados, en trance, era como una levitación, algo inesperado,  más confuso  que el socialismo-comunismo, pero tan real como la democracia inorgánica.

Jaime sorpresivamente de nuevo grito: ¡Dios mío, ayúdame!
¡Zuas! Llegó el apagón.

susana.morffe@gmail.com