lunes, 20 de noviembre de 2023

CAPÍTULO FINAL DE VENEZUELA


Venezuela no imita es más bien ejemplo para imitar. Lo apuntamos con sincera humildad ya que hemos sido un país que se ha mantenido fortalecido a pesar de las duras situaciones que nos ha tocado vivir.
Entre la misma población se comenta que ningún otro país ha podido resistir tanta humillación, controles y permanentes ataques que han desmoralizado la convivencia humana.
Sabemos que muchos han perecido por hambre, sometimientos y crueles torturas, pero aún quedan venezolanos valientes que si ven la luz al final del túnel.
La población venezolana sabe cómo responder a los ataques y humillaciones, y así lo vimos el 22 de octubre, una fecha significativa para los que ven al país desde afuera y los que sufren adentro.
Han hecho vivir al pueblo de ilusión óptica y mental, por ejemplo con el salario de efecto apaciguador, para quedar diluido en sal y agua. La calle, aunque lo quieran disimular, disfrazar y detener, esa calle está caliente y no hay fuerza que contenga el malestar estomacal y la locura que existe en la gente para enfrentar el hambre. Por esto y por lo que ha sucedido en años anteriores, es una realidad la disidencia revolucionaria en la búsqueda de la legitimidad.
Después de empobrecer al país, ahora se pretende llevarlo a una lucha sin sentido, por un territorio propio y legítimo que la historia con documentos certificados se ha encargado de respaldar.
El pueblo soberano en la actualidad, le ha dado la espalda a controversias y luchas fratricidas. Las conquistas del país han sido, al menos las más recientes de la época contemporánea democrática, con argumentos, diálogos y el voto ciudadano espontáneo, es decir la validez de la voz del pueblo, un pueblo suficientemente abrumado pero capaz de decidir su destino.
Observamos como en los 11 municipios que integran el territorio insular, hay infinitas quejas. Es insólito tener que levantar la voz para protestar por algo tan vital como el agua, que desde hace meses mantiene en profunda sequía a los habitantes, al igual que por alimentos e incluso las fallas permanentes de luz, gas y gasolina ¿Dónde está el humanismo que predican los funcionarios del gobierno? Los pescadores viven azotados por el hampa y les roban los implementos y carentes de otros insumos para sus faenas diarias.
Los venezolanos ya hemos conocido y practicado todas las técnicas, rituales y ejercicios para enfrentar la crisis, desde el yoga, deportes y retiros espirituales, hasta contemplación de la naturaleza, acompañado de alaridos para sacar la rabia del espíritu. Sin embargo, la inflación nos sigue devorando el bolsillo, además del mal empleo de los pocos recursos que quedan, eso también nos consume la vida.
No somos ciegos, pero tampoco queremos ser guiados por ciegos y obsesionados por ideales y prácticas en franca contradicción con el respeto a la condición humana.
Los venezolanos somos celosos de nuestro suelo, ciudadanía y soberanía. A pesar de las circunstancias, hemos demostrado al mundo que somos únicos, especiales y tenemos resistencia. Cada venezolano conoce y sabe lo que tiene que hacer al momento de buscar lo que nos están arrebatando.
Es necesario detener tanta crueldad en Venezuela, cualquier ataque ante la aguda crisis social, se debe ver como un capítulo en sus últimos finales.

susana.morffe@gmail.com

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